// 2-08-2005
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LAS BALLENAS BRINDAN UN SHOW INIGUALABLE EN
EL GOLFO NUEVO
Se las puede ver a metros de la costa
" Pasan por la playa El Doradillo, en Puerto Madryn, entre
junio y septiembre
" Llegan para reproducirse y tener crías; luego van
en busca de alimento
" Otras especies
PUERTO MADRYN.- Uno puede pasarse horas observándolas,
en silencio, desde la arena húmeda de la playa. Es un domingo
de invierno; el sol está terminando su desayuno y aunque
la brisa helada del mar choca sin piedad contra las mejillas de
los espectadores, nadie se mueve de su lugar. ¿Quién
se atrevería a perder una ubicación en primera fila
cuando ellas están ahí, pocos metros detrás
de la rompiente, brindando un espectáculo inigualable, con
el Golfo Nuevo como escenario?
Todos los años, cuando mayo se cae del almanaque, la ballena
franca austral llega a estas costas para reproducirse y criar a
sus ballenatos, y se queda hasta noviembre, cuando se aleja mar
adentro en busca de alimento. Destino turístico por excelencia,
Península Valdés -declarada por la Unesco en 1999
patrimonio natural de la humanidad- es conocida en el mundo por
sus paisajes, por la prolífera fauna y por los tradicionales
avistajes embarcados, que salen desde Puerto Pirámides, una
excursión obligada (ver aparte).
Pero a 19 kilómetros al nordeste del corazón de Puerto
Madryn, en la playa El Doradillo, estos cetáceos brindan
una fiesta que puede observarse desde tierra firme, dato que pocos
conocen. Se las puede ver como si uno estuviera subido a una pasarela:
ellas se pasean a escasos metros de la costa, golpeando la cola
contra la superficie, emitiendo sonidos, dando vueltas o escondiéndose,
invitando a adivinar en qué punto emergerán.
Pero ese show está en cartelera por tiempo limitado: comienza
los primeros días de junio y se extiende hasta la primera
quincena de septiembre, cuando las crías están en
condiciones de nadar hacia la boca del golfo. Entonces habrá
que embarcarse.
En 2001 el municipio declaró área protegida la zona
conocida como El Doradillo, en el sector que va desde Punta Arco
hasta Punta Ameghino, para revalorizar la flora y la fauna autóctonas.
Son 20 kilómetros de costa, divididos en ocho bajadas, que
la Secretaría de Turismo local se decidió a poner
en valor. Hasta ahora lo que se hizo es lo mínimo indispensable
(señalización, mejoramiento de caminos, folletería,
limpieza), pero en verdad no se necesita demasiado cuando la naturaleza
se encargó de casi todo. Adrián Contreras está
convencido de que Madryn tiene en sus manos un diamante en bruto.
Y por eso, desde su cargo de secretario de Turismo de la comuna,
brega para que esa playa se convierta en visita obligada. "El
turismo es un recurso económico que la comunidad debe cuidar.
Queremos que lo valoren porque es un lugar con un atractivo natural
descomunal y único en el mundo, aunque algunos digan que
no es cierto", se defendió.
Tan maravilloso es, que no faltó quien propusiera cobrar
entrada para ver a las ballenas cómodamente sentados en la
costa. "Fue una propuesta de la oposición (UCR), pero
no tiene ningún sentido mientras no brindemos servicios;
no lo estamos analizando, no por ahora", señaló.
Observatorio desde tierra
La Fundación Patagonia Natural construyó en 1999,
en lo alto de un acantilado, a 21 metros sobre el mar, el observatorio
Punta Flecha, con un potente binocular. Desde allí se pueden
contemplar las ballenas sin impactar el ambiente, uno de los postulados
de esa entidad ecológica.
"De acá para allá es territorio de ellas; de
acá para adentro, nuestro. Ninguno se entromete en el espacio
del otro", dijo Juan Carlos Aguerrebere, mientras estiraba
el brazo, firme, para delimitar el terreno de unos y otros.
Dijo que en los últimos doce meses pasaron por allí
50.000 personas. El fin de semana pasado, los ecologistas contabilizaron
117 ballenas y 19 crías en un radio de nueve millas náuticas.
Pero el peligro acecha en la forma del ave más común:
la gaviota. "Los basurales están ocasionando cambios
en su comportamiento. Notamos que bucean mucho más tiempo
que en temporadas anteriores; lo hacen para evitar que las gaviotas
les lastimen la piel."
Para verlas en todo su esplendor hay una regla de oro: leer la tabla
de mareas, pues es en la pleamar cuando más cerca están
de la costa. Si uno quiere una experiencia diferente puede optar
por ir al anochecer, para escucharlas. Por la noche, las ballenas
emiten el 85% de sus sonidos y brindan un espectáculo singular,
contó Claudio Frash, de la agencia Huinca Travel. Con sol
o con luna, y con primera fila asegurada, la visita vale la pena.
Por María Giselle Castro
Para LA NACION
Fuente: http://www.lanacion.com.ar/informaciongeneral/nota.asp?nota_id=726071
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